Cuanto tiempo en la orilla,
sin ropa, sin zapatos,
sin saber del refugio.
Solo tuve una prenda:
hechura fiel al protocolo,
elegante puntada,
caída en el silencio.
Extendí un haz de hilos,
esperé otro tanto
que pudieras tejerme,
y el telar sin urdimbre.
El cuerpo del revés
chocó contra el espejo,
los poemas cortaron.
Desvestido el dolor,
la fibra rota;
inútil ser gusano
que oville mejor seda.
Y desnuda de ti
los pies trazaron la senda del frío,
donde oculté mi corazón de piedra,
mineral ya sin musgo.
