- Oiga, señor, ¿qué hace?
- Pues… nada concreto… estoy mirando esos árboles.
- ¿Para qué?
- Pues para eso, para mirarlos.
- ¿Y eso le gusta?
- Sí… es agradable. Me gustan su belleza, su naturalidad… sí, me gusta mucho..
- Pues no… en realidad hoy me he parado en este banco y me he puesto a respirar, a mirar… pero no, normalmente trabajo y no puedo hacer esto.
- ¿Y hoy?
- Hoy me he escapado de la oficina… me encontraba mal… he puesto un pretexto y me he venido al parque.
- Ah… ¿sabe, señor?... yo vengo casi todos los días. Me traen a correr, a jugar… me muevo todo lo que puedo hasta que mi mamá dice que es la hora de merendar y nos vamos.
- Ya, pero tu eres un niño… estás en edad de hacer eso.
- ¿Qué es estar en edad?
- Pues eso, hacer lo que corresponde a cada edad, a los años que uno tiene…
- O sea que usted tiene la edad de no venir mucho al parque, sólo si se escapa… y de mirar los árboles, pero no de jugar.
- Algo así…
- Pues qué pena… porque, si viniera más y fuera como yo, seguro que se divertía mucho.
- No, si me divierto, a mí me divierte, bueno me reconforta mirar la Naturaleza…
- ¿Reconforta? ¿Naturaleza? ¿Qué cosas son esas?
- Bueno lo primero quiere decir, no sé como explicarte, que te hace sentir bien… y la Naturaleza es todo… bueno, es esto, lo que nos rodea…
- Ya… o sea que, de mayor, yo miraré los árboles pero sólo cuando me escape de su oficina.
- No, quizás no… además la oficina no es mía, hay muchas oficinas.
- ¿Y para ver los árboles hay que escaparse de ellas?
- Más o menos.
- ¿Sabe una cosa, señor? Cuando de mayor yo tenga una oficina la voy a llenar de árboles para no tener que escaparme.
