- Hombre, majestad, ¿qué tal?
-Ya ve, aquí, trabajando, pasando el día...
- Vaya, no sé que me da verle así, no digo que no sea un trabajo digno, pero, con lo que usted era...
- No somos nadie, amigo, nadie... la vida... que da vueltas...
- Pues sí... lo que podía honradamente, pero como dejé de ser rey hace tanto...
- Es que ya no se lleva eso de los reyes, es la verdad. Usted, sin embargo, caía bien a la gente...
- Procuré hacerlo lo mejor posible. Era cansado a veces. Tanto dar la mano, tanta sonrisa... y luego que a uno no le apetece ir siempre a sitios oficiales, ya sabe. Pero bueno, no me quejo, me tocó y, en el poco tiempo de mi monarquía cumplí lo mejor que pude y supe.
- A lo mejor por eso lo quitaron. Mi padre me decía que fue usted un rey justo e insobornable.
- Pues sí. Intenté prepararme, saber, hacer las cosas bien. Iba de mi despacho al palacio, del despacho al palacio... y a las recepciones, inauguraciones, en fin, esas cosas de rey, pero me pasaba el tiempo trabajando y estudiando como conseguir lo mejor para el país, y luego, como, además, me quedé viudo muy pronto...
- ¿Y no salía de noche y esas cosas?
- A lo mejor por eso lo quitaron. Mi padre me decía que fue usted un rey justo e insobornable.
- Pues sí. Intenté prepararme, saber, hacer las cosas bien. Iba de mi despacho al palacio, del despacho al palacio... y a las recepciones, inauguraciones, en fin, esas cosas de rey, pero me pasaba el tiempo trabajando y estudiando como conseguir lo mejor para el país, y luego, como, además, me quedé viudo muy pronto...
- ¿Y no salía de noche y esas cosas?
- Pues no, la verdad... veía películas, en vídeo, sobre todo. A mí siempre me gustó el cine. De todo tipo. Mis directores preferidos eran John Ford y Hitchcock. Vaya cine que hacían.
- Sí, yo también soy cinéfilo. ¿Y el deporte, no le gustaba?
- Solía caminar mucho, cuando podía. Y bueno, aunque parezca mentira, me gustaba, por encima de todo, un deporte mental: el ajedrez. Quizás por eso de que el rey, en un tablero de ajedrez, era otro...
- Vaya, majestad, qué sentido del humor...
- No me llame majestad... ahora soy Toribio.
