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| Extraída de Google |
Llevamos ya sufriendo más de cuatro meses una lluvia intensísima que según los expertos puede durar años, y que es además la lluvia más extraña jamás conocida.
Las nubes cansadas de flotar en el espacio se dejaron caer al suelo, y allí comenzaron sus problemas y los nuestros. Cayeron sobre los campos, los tejados, las torres y las calles, y como hasta ahora estaban, aisladas en el aire, y no habían sentido el contacto de otro cuerpo, se sintieron incómodas, invadidas en su intimidad.
Y cuando tuvieron necesidad de soltar agua, de comenzar a llover, comprendieron que tendrían que cambiar la dirección del agua y se vieron obligadas a aprender a llover hacia arriba. En las ciudades surgieron los problemas, los peatones al chocar con las nubes quedaban empapados, y los vehículos al atropellar a las nubes perdían visibilidad y se están produciendo múltiplos accidentes.
Apenas si se puede circular, la vida en las ciudades se está paralizando, nadie se atreva a salir de sus casas, aunque tampoco es seguro permanecer en ellas, pues las nubes, antes de alcanzar el suelo, son empujadas por el viento, rompen los cristales de las ventanas y penetran en los hogares.
La televisión anuncia que han comenzado a cerrar las fábricas de paraguas y sus empresas subsidiarias, y que miles de obreros están siendo despedidos. Cientos de fábricas han paralizado pues los obreros tienen enormes dificultades para llegar a ellas.
Están emitiendo imágenes terribles, destrozos por doquier, escenas de desolación y ya se contabilizan cientos de muertos. En muchas ciudades ha comenzado el pillaje.
¡Se ha cortado la señal! ¡Se ha cortado la señal! No funciona la radio y los móviles no tienen cobertura.
El joven periodista salió a la calle para entregar su relato al periódico. Lucía un sol esplendoroso.
... de "Mis personajes se pasean por La Red",
Colección "Li-Poesía, Nº 7", 2011
