Murió en las sabanas limpias de los Lunes
tendido en el recuerdo de la sopa del miércoles,
murió en los flambollanes rojos del parque de la esquina,
murió tendido y estirado boca arriba,
vestido de domingo,
de blanco en primavera,
murió con un mechón de paz bailando vivo entre sus dedos
[ásperos,
sobre la cama que lo vio nacer
murió,
corriendo contra el viento en un cuerpo de niño,
descalzo y sin camisa,
a dios rogando y con el mazo dando,
murió,
tendido y armado de coraje
con el mal trago de dejarla y de dejarlos,
murió arropado por los suyos
bailando el tango de la muerte en la plaza del pueblo.
Murió,
desnudo y ancho.