QUISIERA VESTIRME DE BLANCO
para atrapar a las palabras
y arrojarlas todo su odio.
Por los amores que me han robado.
Las ausencias de mi vida.
Mi blancura inmaculada
sería un estallido
de gritos dolorosos
en tantas noches sedientas
de ternura infinita.
Mi blanco se transformaría
en amor perpetuo.
Las palabras, las orgullosas
palabras del ayer,
buscarían todos los sueños
perdidos por senderos
del silencio.
Entonces sería el momento
de abrir, de par en par,
las ventanas del alma.