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A Leopoldo de Luis, maestro y entrañable amigo.
Poco a poco la niña se dio cuenta.
Su osito de peluche estaba triste.
Le vistió con un traje tirolés,
le acunó con ternura
y le cantó una nana.
Le hizo cosquillas, le hizo muecas
y le sacó la lengua.
Pero todo fue inútil.
Su osito de peluche estaba triste.
El domingo su tía doña Justa,
viuda de Colmenares,
se la llevó al zoológico.
Hoy ya no ponen jaulas
los animales viven en un foso
en aparente libertad.
Aprovechando que su tía
miraba hacia otra parte,
arrojó entre sollozos
su osito de peluche
al foso de los osos pardos.
De "Poemas a la luz de una vela" Morandi - 2000
